FILOSOFIA

¿Alguna vez te has preguntado cual es el lugar más importante en el mundo? Creo que tengo la respuesta… ese lugar es TU HOGAR, tu refugio, donde disfrutas, reflexionas, aprendes, experimentas, descansas, desconectas, VIVES

Todo ello lo haces sol@, con tu pareja, familia, amigos… la gente a la que más quieres y te gusta cuidar.

Por ello, siempre he pensado que es muy importante que un lugar en el que vivimos tanto nos transmita esa paz que todos buscamos, rodearnos de buenas sensaciones y que nuestro entorno nos transmita esa calma que tanto nos gusta, sentirnos reconfortados.

Percibir todas estas sensaciones es muy fácil de conseguir mediante el interiorismo, estudiando de una forma muy minuciosa y concreta a cada individuo, de un modo muy personalizado, ya que cada persona somos un inmenso mundo, vivimos nuestras vidas de diferente forma, intensidad, con nuestras inquietudes y sueños.

Para que todo ello fluya en total armonía, nos centraremos en el diseño de interior, el cual nos ofrece un gran abanico de posibilidades e ideas originales. Es realmente increíble lo que puede llegar a influir en nuestro interior un lugar donde desarrollamos tantas actividades, podemos llegar a conseguir convertirlo en un lugar inspirador, lleno de vida.

Por otro lado, en un local o negocio nos puede ocurrir exactamente lo mismo. Al entrar en un local recibimos muchísima información, experimentamos muchas sensaciones, podríamos compararlo  con una carta de presentación de la empresa, de la filosofía en la que esta se basa.

Por ello, hay que ser extremadamente cuidadoso a la hora de realizar un proyecto de estas características, tener varias entrevistas con la persona encargada para así establecer un claro criterio de lo que se quiere transmitir a los clientes, ya que de eso dependerá que estos clientes vuelvan gustosamente o de lo contrario no hayan captado esa buena energía que se pretendía transmitir.

En definitiva, el diseño de espacios es una clara herramienta para hacernos sentir bien, un motor que puede conseguir grandes cosas sin apenas darnos cuenta, de una manera muy natural.